Seguimos al que pague

Archivo de Junio 2009

Echando raíces

por Jonás, el Bombero Incendiario el 28 de Junio de 2009

Breve Advertencia: No se implora al lector que apague sus celulares antes de leer, pero sí le sugerimos abandonar el tono porteño o neutral y adoptar uno venezolano cuando empiece el diálogo.  Sabemos que es difícil, y que tal vez “no queda bien”, pero use la imaginación.  Desde ya muchas gracias y sepa disculpar las molestias ocasionadas.

Era peludo. Soy peludo. Al menos, hay mucho cabello de mi cabeza para arriba. Por encima de mi cabeza, nada. Tampoco esperen algo extraño. Por encima de mi cabeza, el techo, o el cielo si nos queremos poner en románticos o astrónomos. Pero… lamentablemente, soy un pelado en potencia. Mis antepasados, mis entradas audaces en bares nocturnos y el cabello que busca su futuro en las cañerías que se abren dentro de mi bañera como boca de sapo, así lo indican. El dedo índice, y luego el pulgar, señalan, al compás de un paisano en la montaña, hacia ese sur que no vemos porque un filo, con más altura que en el que nos encontramos actualmente, nos impide visualizarlo con nitidez, aunque sabemos que allí se encuentra, allí nos está esperando.

A pesar de ese destino que amenaza con tornarse irremediable, una esperanza se transformó en mi salvavidas, en mis flotadores. Reconozco que la primera vez que lo vi la desconfianza se apoderó con fuerza (no mucha, es cierto) de mis sensaciones primerizas. Había un pelo de más. Era un pelo distinto, distinguible. Casi un pelo patito feo. Un pelo ermitaño y no un pelo tudor. Su característica principal… ser un pelo que iba de frente. Practicaba el duelo, o mejor dicho, siempre estaba preparado si se presentaba la ocasión. En el sur borgiano tenía su fama. No era ningún mariquita. No había Sánchez de Thompson que se le animase a ese de bigotes agudos. Ningún par de zapatos se le plantaba en espejo. Por otro lado, es justo aclararlo, por debajo de la línea que trazaba el Río Colorado, en pleno desierto, no se necesitaba mucho para ser pulenta. No existían rivales para un pelo ermitaño, pues como la identidad –por otro lado bien asumida y asimilada- que le asignaba el adjetivo calificativo, se trataba de un pelo ermitaño.

Su localización, vía orientación GPS, tiraba coordenadas que dibujaban un triángulo de bermudas y mocasines. Es difícil saberlo con exactitud aunque los rumores color gin con vodka –y que salían de la pulperías dando tumbos, tragando polvo y yuyos- hablaban de una pulgada por sobre la ceja izquierda. Según se cruzase con un rayo de sol o una iluminaria artificial, su brillo cobraba mayor o ninguna intensidad. No tenía brillo propio. Como una flor más, como un hombre más, ese pelo se despertaba, se levantaba, sacaba pecho y enderezaba su torso al calor de la luz. A medida que la oscuridad cedía y la luz avanzaba a trotes ganando terreno, el pelo, casi bailando, primero estiraba sus brazos de manera de quedar perpendicular a su raíz y, como segundo paso, hacía una brazada de pecho. Luego, con el pecho expulsado hacia fuera, dejaba caer su cabeza paralela al suelo y al cielo y, de esta manera, daba a conocer su existencia al mundo.

Sus apariciones, no obstante, no seguían un calendario. Eran esporádicas y siempre fugaces. El ojo de un extraño, de otro, debía tener la disciplina de un monje budista o de un fundamentalista del empirismo si deseaba capturar el momento de la reencarnación, de su cíclico -aunque temporalmente anárquico- renacimiento. Si por una de esas casualidades el ojo extraño se tropezaba azarosamente con el pelo, lo más usual era considerarlo como la aparición de un poltergeist, lo que implicaba que si se trataba de un ojo escéptico, la sentencia, escribiendo en términos naturalistas, concluiría en las ilusiones ópticas, reflejos de luces o etcéteras neuronales.

El giro inesperado de la historia de nuestro pelo ermitaño y, en definitiva, de nuestra única esperanza, nos llega cuando, durante el transcurso de un viaje en trencito en pleno carnaval carioca, se aferra con las dos manos de las caderas de la chica del ombligo con mariposas o que tenía mariposas en el ombligo. Sí, la misma que besaba leprosos y cuyas pieles faciales formaban pliegues que daban origen a volcanes en erupción. Aún así, no dejaba de ser bonita, poseedora de una belleza que amerita dolorosos sacrificios, incluso tratándose del pelo ermitaño.

Ella nunca había escuchado hablar del pelo ermitaño. Desconocía su leyenda. Los cuentos que versan sobre personajes folklóricos de nuestro desierto no participaban de la compilación de ninguno de los libros que ella ubicaba en su biblioteca. Por esa misma razón, su reacción tiránica luego de ser protagonista -poco tiempo después de un violento ataque de bombas de tiempo- de uno de esos por momentos míticos encuentros azarosos, fue condenar el pelo ermitaño, paradójicamente, al exilio, al destierro. Ella pidió que lo echen de raíz. Ella me pidió que realice el sacrificio. Ella me imploró el sacrificio. Las razones, las desconocemos. Tal vez, se trataba solamente de una cuestión de piel. No lo sabemos, ni tampoco intentamos en su momento indagar en las causas de la, creemos, desacertada decisión. Nosotros procedimos simplemente como lo ordenan los usos y las costumbres, las leyes no escritas. A modo de conclusión sometemos a lectura –y si es posible a juicio- el breve diálogo, que en ejecución, dio lugar a la condena referida previamente.

-José Luis, eso es un pelo?

-Eh? De qué me hablas?

-De ese pelo que tenés, ahí –su dedo índice presiona sobre mi frente provocando una aureola amarillenta, que al poco tiempo se desvanece como si nunca hubiese existido, exactamente a una pulgada de distancia de mi ceja izquierda, justo al norte. Mi sonrisa nerviosa, claramente falsa, artificial, fue la prueba que se necesitaba para demostrar, confirmar, que yo sabía que se trataba del pelo ermitaño. En ese mismo instante, la sonrisa fue el tropiezo que el acusado debía evitar y que decidió la condena.

-Ah, sí, el pelo. Desubicado, no?

-Te pido que te lo arranques José Luis. No voy a poder seguir mirándote a los ojos si ese pelo sigue ahí. Sacátelo.

-Pero…

-Pero nada. Sacátelo. Yo no subo si no te lo sacas.

-Ok, me lo saco, pero solamente porque quiero tomarme con vos la línea A y luego hacer combinación con la D.

 No me arrepiento, pero pienso que te extraño. Mierda! Cómo te extraño Señor Pelo Ermitaño!

ayiy – culos de vigo mortensen con acento gallego

por Jonás, el Bombero Incendiario el 22 de Junio de 2009

ayay - culos de vigo mortensen con acento gallego

click para ampliar

Dios ha muerto… de sobredosis

por Mr. Meiro Lopez el 22 de Junio de 2009

¡ADVERTENCIA! En post de evitar atentar contra susceptibilidades varias me veo obligado a incluir un preámbulo antes de las palabras que usted, estimado lector, se dispone a leer. El próximo texto es manifestación del infame movimiento drogón-iconoclasta, siendo así, no resulte sorpresivo encontrar entre sus líneas comentarios apologéticos y/u ofensivos para con adeptos de numerosas facciones religiosas; si normalmente usted se vería ofendido por comentarios de tal o cual talante, le ruego por favor pase al próximo escrito del site. De no hacerlo y, siguiendo un impulso masoquista, lee,  siéntase libre de desestimar las opiniones del autar, pues si no son los desvaríos de un drgón, no son más que los desvaríos de un iconoclasta. Habiendo dicho esto, me siento con el culo lo suficientemente limpio como para decir: Disfrute.

ML. (no confundir con Mirta Legrand) 

 

 

Estaba muy preocupada. Lo oía continuamente pronunciar palabras como ‘amor’, ‘gracia’, ‘compasión’ y escuchaba mucho Marley. Algo estaba pasando en su casa que se le estaba yendo de las manos. No era común hablar de mostrar la otra mejilla o de amar a tu prójimo o de tantas otras ‘hipponeadas’. Un día entró en su cuarto y olió un sahumerio, era mirra. ¡Eso había llegado muy lejos! Inspeccionó y halló una pequeña cajita de madera oculta en su placard. La abrió y cerró los ojos, es que sabía muy bien lo que iba a encontrar en ella. Abrió sus ojos y confirmó lo impensable; una biblia, una ostia y un rosario; Juancito era un… no podía decirlo… un… un CRISTIANO.

 

Ya podía escuchar en su cabeza a su suegra diciéndole “yo sabía que algo andaba mal con el chico ese”. Pero no, si bien algo estaba mal con él, ese algo podía solucionarse. No iba a dejar que su familia se viniera abajo por una típica crisis adolescente. Recordó que le habían dado un volante unos chicos que vendían artesanías y facturas en el tren. Generalmente tiraba esos papeles, pero ese en particular lo había guardado, se ve que en el fondo sabía muy bien que algo estaba mal. Lo sacó de la cartera.

 

Centro de rehabilitación para jóvenes con problemas de Adicción Metafísica.

 

Curamos: Budismo, Cristianismo (todas sus vertientes, hasta las giladas del Gauchito Gil), Satanistas, pelotudeces de la India, sectarios varios y a alguno que otro vegetariano.

Consultas: 0800-666-Got-et-tot (468-38-868)

 

 

Y como todos los años, anunciamos que ya está abierta la inscripción para nuestras Jornadas Pedagógicas. Se realizarán el 17/10 en los bosques de Palermo. La entrada será un bono contribución de $10. Las ganancias serán usadas para comprar merca para los maestros de las escuelas primarias del Chaco. Pobrecitos, sólo les alcanza para la tiza.

Ponencias:

-¿Duda existencial? La respuesta en el fondo de una botella.

-El Paco, limpieza étnica en democracia.

-Anarquía en el Reino Unido; pros y contras de un mundo sin narcos.

-9 de Septiembre, La quema de Drogas más grande de la historia.

- Grandes ‘duritos’ de la historia moderna I : desde Von Bismark hasta Pancho Villa.

Inscripción abierta hasta el 15/09 en la sede de Parque Chas. Se entregarán certificados de asistencia.

 

Junta de firmas virtuales para una propuesta de ley para que se vuelva a incluir el Tolueno en los pegamentos de venta libre. Si adherís, enviá un mail a:   todosjuntosporelran@gotettot.com.ar

Acto seguido, marcó aquel nº de teléfono. Una dulce voz femenina atendió del otro lado.

 

-‘Faloperos Unido contra la Religión’, mi nombre es Marina ¿en qué puedo servirle?

 

-¿Qué tal, Marina? Soy Susana, y tengo un problema con mi hijo. Resulta que él es…-se le ahogaba la voz.

 

-Dígalo tranquila señora, aquí nadie la va a juzgar.

 

-Él es Cristiano… si voy a ser completamente sincera, creo que hasta Católico. Y bue, el otro día unos chicos me pasaron un folletito, y llamé. El tema es que no dice acá bien cómo es que curan a la gente de sus problemas.

 

-Lo mejor sería que vengan usted con su hijo y así podrían ver las instalaciones; aun así, déjeme que la introduzca en lo que hacemos aquí. Nosotros basamos nuestros métodos de tratamiento y gran parte de nuestros programas de formación en los estudios de Alberto ‘El Pala’ Rodríguez, cocainólogo profesional. Nuestro método se basa en sus estudios estadísticos, pues verá, es sabido que la causa principal del alejamiento de los jóvenes de las drogas es la religión; entonces, utilizando una inversión de valores, lo que se hace en nuestro centro es alejar a los jóvenes de la religión mediante un intensivo tratamiento de consumo de drogas varias. Nuestro lema es “Una sociedad religiosa, es una sociedad sometida; una sociedad drogada, es una sociedad feliz”.

 

-Pero, yo no voy a pagar para que mi hijo vaya a una granja a drogarse y tirarse panza arriba.

 

-Claro que no, señora. A diferencia de lo que la mayoría cree, esto no es un campo de actos licenciosos. Aquí les enseñamos disciplina, cultura y diversas técnicas y destrezas. Damos cursos de huerta, de manualidades, de cocina, talleres prácticos de ciencias, incluso cursos teóricos. A demás, nosotros no cobramos, muchos de los cursos son auto-sustentables. Si luego de ver los resultados quiere hacer una donación, no nos negaremos tampoco.

 

-Y ¿Cómo es eso de los cursos?

 

-Si quiere le puedo mandar un cronograma estándar por mail para que lo analice si no tiene tiempo.

 

-No, no, soy ‘ama de casa’, tiempo es lo que me sobra, y los mails no los chequeo nunca.

 

-Muy bien. En el curso de ‘huerta’ les enseñamos a plantar, cosechar y ‘procesar’ cannabis, coca y amapolas; también les enseñamos diversos métodos de cultivo e identificación de hongos varios. Ya habrá visto con los chicos del tren lo que hacemos en los cursos de ‘cocina’ y ‘manualidades’, igual le cuento. El curso de cocina es en realidad ‘Curso de Cocina Espacial’, enseñamos a extraer y utilizar el THC del cannabis en la cocina, cómo disolverlo en grasas y cómo usarlo en platos, tanto dulces como salados. En ‘manualidades’, enseñamos a los jóvenes a hacer diversas ‘herramientas de consumo’, desde pipitas para los fumetas hasta palitas re bonitas para los paleros. Ya habrá visto varios de los trabajos terminados, hacemos zapatos con tacos falsos para que los heroinómanos lleven los kits de manguerita-jeringa en uno y mechero-cucharita en el otro, juegos de espejito-cuchillita, picadores de paraguayo con pipas que hacen juego, y demás artilugios para cada tipo de drogón. Luego, en el ‘taller de química’ tenemos clases teóricas en las que explicamos efectos, tanto primarios como secundarios, y sustancias, sustancias con las que se ‘cortan’ las drogas y otros tópicos más específicos, y luego para las prácticas tenemos pasantías en distintos laboratorios; tenemos chicos trabajando en cocinas de cocaína y heroína y a los más destacados en laboratorios experimentales buscando nuevas recetas para drogas psicotrópicas, de ácidos a ‘drogas de diseñador’.

 

-¿Lo que me dijo de las clases teóricas son esas de química o hay otras?

 

-Que bueno que preguntó, señora; porque si hay algo de lo que nos enorgullecemos aquí en ‘Faloperos Unidos’ son nuestros cursos de ‘Reinserción Social’. En esta época de capitalismo salvaje, la sumisión es una falta que se paga con miseria material. Es por eso que en nuestros cursos les explicamos a los jóvenes el por qué de lo obsoleto de las religiones: en lo que a usted respecta, el catolicismo. Imagínese: en la iglesia les enseñan a los ‘feligreses’ a responder ‘amén’, nada más. Ellos dicen mierda (perdón por la palabra), nosotros amén, ‘que así sea’. Entonces qué pasa, cada vez que tenemos a alguna autoridad adelante nuestro, nos dicen “usted venga con nosotros, nos lo llevamos por averiguación de antecedentes”, nosotros decimos “amén”; nos dicen “el camino que la empresa debería tomar es éste” nosotros decimos “amén”; sepamos cuanto sepamos, sea correcto o no lo que nos proponga la otra parte, siempre responderemos lo mismo. Aquí enseñamos a valorar nuestros conocimientos, nuestra individualidad en su máxima acepción, y así los devolvemos al mundo, convertidos en proactivos individuos capaces de llevarse al mundo por delante. También les enseñamos el verdadero valor de las drogas; cómo la cocaína es crucial para el capitalismo, no es casual que se la llame ‘merca’; es la droga del comerciante, del negociante, es la droga del libre mercado. Lo que un durito venda, nadie podrá dejar de comprarlo, ya sea por imposición del vendedor, intimidación del comprador o lo que sea; caso inverso, nunca convencerás de algo a un durito, a menos que él ya esté convencido de antemano, y aun así puede ser un poco complicado. Ese es sólo un ejemplo de cuan efectiva es una droga en el orden mundial de hoy en día.

 

-Sí, sí, puede ser; pero no me cierra eso de la disciplina. No hay mucha disciplina en abandonarse a un vicio.

 

-Disculpe que la contradiga, señora- respondió Marina, casi como si tuviera la respuesta preparada-. Si bien es cierto lo que dice en el aspecto del abandono ante un vicio, lo que aquí enseñamos es el Consumo Responsable de Sustancias Adictivas. No hay nada que requiera más disciplina que el consumir una sustancia adictiva frecuentemente, sin sucumbir a la adicción y convertirse en un paria. Enseñamos dos métodos de ‘frecuencia usuaria’. A Saber: ‘El Paletazo Productivo’, esto es consumir martes, jueves y domingos por medio (en su defecto lunes, miércoles y viernes, pero con esa hay más probabilidades de que te salga el tiro por la culata), esto les permite mantener una lucidez plena a lo largo de la semana; el otro método es el que menos recomendamos: el de la ‘Gira de Fin de Semana’. Éste consiste en ‘tomar’ viernes y sábados, el problema es que de esta manera el usuario debe atravesar toda la semana sin una dosis, lo cual puede ser bastante contraproducente ya que al llegar el viernes, muchos se entregan de tal manera a los nariguetazos que muchas veces no aparecen hasta el mes entrante. Es por esto que estamos considerando comenzar a manejaros solamente con las dos versiones del ‘Paletazo Productivo’.

 

-¿Puede ser que sean muy coca-centrista gran parte de sus técnicas?

 

-Evidentemente; como ya le comente, nosotros nos basamos en el trabajo de ‘El Pala’ Rodríguez. Nosotros creemos en que el ritmo de vida de hoy exige una velocidad mayor a la que la mayor parte de la gente tiene posibilidades de alcanzar, por esto el uso de anfetaminas, cocaína o demás sustancias que mantengan ‘arriba’ al usuario, son fundamentales para que los ‘lentos’ no sean dejados en el camino. Hay centros que son cannabi-céntricos o amapoli-céntricos (derivados de la amapola, léase opio, morfina, etc.), métodos efectivos para alejar al sujeto de su adicción metafísica, pero contraproducentes, en el largo plazo, a la hora de devolver al individuo a la sociedad. Aquí creemos que el uso continuo de esas sustancias sólo conduce al fracaso; es sabido que los  fumetas tienden mucho a filosofar y a una vida laxa, cosas que no son más que palos en la rueda del progreso personal; por su parte los derivados de la adormidera son demasiado difíciles de manejar para el común de la gente, son demasiado adictivos, lo que tiende a un prácticamente inevitable colapso autodestructivo. Nosotros sólo recomendamos un régimen coca-céntrico, como usted muy bien lo llamó, con usos esporádicos de otras sustancias, para distensión; recomendamos el alcohol, pero lo dejamos a discreción del usuario.

 

-¿Sabes qué? Mejor mandame el mail ese así se lo muestro a mi marido a ver qué dice del asunto. Mi mail es susana@servidorsarasa.com.ar .

 

-Ahí se lo mando. No se olvide que si quieren pueden venir a echar una mirada ustedes mismos. Si arreglan su visita con antelación los recibimos con un te de floripondio y galletitas de faso.

 

-Sí, Sí, igual lo tengo que consultar antes con mi marido.

 

-Desde ya. Bueno, señora, ¿la puedo ayudar en algo más?

 

-No, eso sería todo. Fuiste muy amable.

 

-Entonces… recuerde, “una sociedad drogada es una sociedad feliz”. Que tenga un buen día.

 

-Gracias, igualmente.

 

FIN

zerime

por Brendam Melkiam el 13 de Junio de 2009

Arribamos a la profundidad del bosque, perdidos en la duda más inquietante. La incógnita imperecedera atronó nuestras mentes, sofocando nuestros juicios. Una inmensa encrucijada invadía nuestras visiones. Y no supimos por dónde continuar. Nos detuvimos por un tiempo muy largo, tal vez demasiado largo. Y ya no concebimos el futuro, pues se hizo pasado a cada instante de penumbra, con la noche sobre nuestros hombros, borrando los contornos. Ya no pudimos ver más allá de nosotros, y el terror se apoderó de todos. No llevábamos luz, pues no esperábamos necesitarla. La jornada de camino era corta, no debía sobrepasar el día. Pero lo inesperado sucedió. Nuestras esperanzas se vieron socavadas ante el más insólito de los aconteceres. Habíamos oído las leyendas, no podríamos negarlo, pero lo cierto es que se habían sucedido ya muchos soles y muchas lunas, y todo había sido olvidado en la memoria. Nos habíamos cruzado con la más inmensa sorpresa. Nunca nadie vislumbró que aquello podría pasar.
La confianza reinaba, regodeante en nuestros corazones. Partimos con todas las vituallas hacia el horizonte, sabiendo que no tardaría en hacerse paisaje. Todo estaba calculado, sin dar lugar al error. Sería un trayecto fácil y tranquilo. O eso pensamos. Nunca imaginamos que el horror se ceñiría sobre nuestros seres. Que el más intenso temor se haría de nuestras almas en sempiterna inquietud. Y ahora nos encontrábamos anclados en medio de los árboles, que se abalanzaban sobre nosotros con el viento soplando las hojas entre sus ramas. Y no pudimos movernos ya. Estábamos profundamente aterrados, inmóviles en la noche negra. Nadie se animó a romper el silencio, que había sumergido nuestras existencias con la caída de la oscuridad, que se perpetuaba inmarcesible. Los caballos rezongaban, algunos relinchaban nerviosos. Los perros gruñían y ladraban. Se sentían movimientos, percibidos en las tinieblas alrededor. El aire se puso espeso de pronto. Se había hecho más pesado, cayendo sobre nuestras espaldas, casi doblándolas, venciendo nuestra resistencia.
Nos habíamos alejado del camino, realizando lo imprevisto. En nefasta insensatez, decidimos embarcarnos en tal empresa. Desoímos las numerosas advertencias, nos dejamos llevar por la curiosidad y la ansiedad. Queríamos contar historias, pensamos. Queríamos desafiar los mitos, y lo logramos. El problema era que nos estaban derrotando. Nadie podía dejar el camino: esa era la única regla de mi pueblo. Abandonarlo era correr el riesgo de perderse. Nadie conocía lo que había más allá de los límites de ese sendero. Nadie lo conoció jamás, o al menos no como para contarlo. Era imposible regresar, mucho menos entrando al bosque. Todos sabían que al caer la noche no era prudente permanecer en el camino, y nosotros nos habíamos precipitado al indómito vacío de sus lados. Nos sumergimos en el profundo abismo, y ya no hubo escapatoria. Sabios eran los consejos que indicaban no apartarse del camino, ni dejar caer la noche. Lo más temido era la oscuridad, pero lo peligroso de salirse de la ruta significaba que hacerlo era condenarse a las fauces nocturnas.
Y su manto lo cubrió todo de fría desolación. La desesperación nos devoró a todos. La noche había traído consigo a la muerte. Era su hálito el aire que ahora respirábamos, y todos comprendimos entonces que era el fin. Se avecinaba el más horrendo martirio, de la tortura más inaguantable. Incontenible sensación, como a punto de estallar. Y el espantoso pavor que provocó tan perturbadora aparición nos hizo desfallecer a todos. El horror de su mirada penetró en nuestros ojos, y se robó nuestros espíritus. Nuestras almas fueron engullidas por su apetito mortal, desgarrándonos. Y ese fue el fin de nuestras vidas. Nuestra existencia fue arrasada por el oscuro manto de dolor de la muerte.
Pero obtuve estos últimos instantes de percepción antes de extinguirme. Ahora es tiempo de que mi fuego se disipe en la eterna niebla del infinito. Es el fin.

Diciembre 2005.

rendres – Macabros los rincones de la seudonimia

por Brendam Melkiam el 13 de Junio de 2009

Una vez pensé, hace tiempo ya, escribir una biografía de un personaje inventado. Como ya tenía uno, pensé en él. Pero después me di cuenta de que sólo tenía un nombre, Brendam Melkiam, y no un ser. Jamás delineé una personalidad para él, jamás pensé cómo podría tomar forma su existencia. ¿Cómo sería? Tengo la posibilidad de crear una persona, darle un sentido. Ya tengo su nombre, ¿ahora qué? Es el procedimiento inverso a nuestra propia vida, ¿te das cuenta? Yo inventé un nombre para él, pero él no existe. La realidad invierte los términos: yo creo un ser y luego le doy un nombre. Así debe ser, así debe funcionar. ¿Así debe ser? ¿Así debe funcionar? ¿Qué clase de arbitrio es ese? ¿Quién demonios me dio a mi el poder de dar existencia? Nadie. Simple, contundente: nadie. Sin embargo lo haré, porque lo hacen todos. Aparentemente es el ciclo de la vida. ¿Y qué?
El caso es que yo creé una una persona que no tiene ser. Creé una forma que no tiene contenido. Sólo tiene rótulo, denominación. ¿Cuándo demonios le daré vida? ¿Quién demonios me pide que lo haga? Cuando se la dé, ¿la querrá? Esto mismo lo cuestiono para la humanidad. ¿Quién me pide que le de vida a mi hijo? Una vez que se la de, ¿la querrá? ¿Qué tal si me odiara por siempre por habérsela dado? Claro que ese problema no lo tendré con Él. Él no existe, no, claro, si todavía no lo he pensado. ¿Quién me pide que lo haga? Pues yo. Yo mismo lo estoy pidiendo. Cuando Él tenga su vida, su existencia, su ser, lo querrá? Pues si, porque yo haré que lo quiera, pues es vástago de mi pensamiento y en él vivirá. Sólo cuando yo decida dejará de quererlo, sólo cuando yo decida cesará de existir. Momento, ¿quiero tener ese poder?

Tengo su nombre: Brendam Melkiam. ¿Cómo sería él? ¿Sería igual a mi, pues no puedo salirme de mi propio ser? ¿Podré abstraerme de mis propios sentimientos y crear un ser distinto? ¿Acaso su personalidad será totalmente diferente a la mía o exactamanete igual? ¿Qué es lo que quiero? Si digo que me gustaría diseñarlo como alguien extraño a mi mismo, ¿estoy diciendo que no me agrado? ¿Acaso no me agrado a mi mismo y todo esto es para escapar de mi? ¿Acaso despréciome y por ese motivo estoy intentando crear un nuevo ser, y encima hablar de él, escribir sobre él? ¿Qué significa eso? ¿Qué significa esa maldita idea de no sólo crear un ser, con personalidad definida, sino resaltar su accionar, su vida? ¿Estoy manifestando un terrible odio hacia mi mismo? Es increíble que esta idea se me haya presentado hace ya mucho tiempo y sólo piense esto hoy, ahora, en este momento. El anhelo es imaginar una persona diferente a mi, pues si fuera igual a mi sería increíblemente aburrido. Uh. ¿Te das cuenta de lo que acabás de escribir? Esto es terrible. ¿Mi vida es tan aburrida? ¿Aborrezco tanto mi vida? ¿Es eso? ¿O es simplemente que está bien pensar en algo diferente a uno? ¿Acaso estoy dramatizando demasiado? Quizá sólo quiero crearlo, y darle forma y contenido, y una vida entera, sólo para vivir algo distinito, disímil. ¿Acaso es tan malo eso? ¿Por qué leemos libros si no? ¿Por qué vemos cine? ¿Por qué contemplamos arte? ¿No es acaso para encontrar otras historias de vida? ¿Tiene acaso eso que ver con un odio hacia uno mismo? ¿Acaso es porque no nos saciamos a nosotros mismos y necesitamos vivir un poco de otros? ¿Es por eso, también, que conocemos gente? ¿Se trata de compartir? ¿O se trata más bien de un critero egoísta? ¿Es tan terrible que sea egoísta? Si yo quiero dar vida a un personaje, para que vea, oiga, sienta, ¿estoy siendo egoísta? Una vez creado, ¿podrá independeizarse de mi? ¿En algún punto él me contará sus historias a mi? ¿En algún punto él vivirá, y yo sólo me limitaré a contemplar? Creo que eso es lo mejor que podría pasarnos a ambos.

¿Cómo debo proceder? ¿Debo comenzar por delimitar su personalidad? ¿O acaso debo imaginar situaciones que se le presenten, acontecimientos de su vida? En los hechos veré cómo actúa, cómo reacciona. Momento, ¿cómo va a actuar y reaccionar si no sabe cómo hacerlo, pues no lo he pensado aún? (Terminado de manera abrupta ante la llegada de extraños seres que comenzaron a deambular alrededor mío, es decir, personas).

Otra idea, que pensé, también hace tiempo ya y poco después de la anterior: la biografía tal vez deba ser sobre mi mismo y escrita por él, por Brendam Melkiam. Lo primero que pensé fue que debía relatar hechos que nunca sucedieron, pero, también pensé, ¿no es acaso eso lo mismo que antes? Para describir situaciones que nunca se dieron, esribo yo sobre él, no él sobre mi. Al instante pensé, entonces, que mejor narraba mi vida, pues, además, la conozco mejor. Momento, ¿qué importa que yo la conozca mejor, si es él quién hablará de mi? ¿Quién es él? ¿Él soy yo? Sí, claro que si, él es yo. No, no es cierto, él es un vástago de mi pensamiento, nacido de las más profundas cavilaciones de mi mente. Él no soy yo. Yo no soy él.

Por casualidad, un cuaderno mío se abrió, dejando ver la primera página del mismo, en la cual se hallaba un escrito sobre una chica que una vez vi en un viaje en tren. El texto menciona, durante tres carillas, los diversos pensamientos que esa bella dama había despertado en mi. En el borde superior de las hojas figuraba un nombre. Ese nombre era el de Brendam Melkiam. Esto me sorprendió sobremanera, pues el que había visto a la chica era yo, y no él. O al menos eso es lo que pensaba yo, hasta que vi su nombre allí. Yo había elucubrado extensamente sobre ella y no había firmado con mi nombre, sino que había firmado él. ¿Acaso se había apropiado él de mis pensamientos? ¿Acaso me había expropiado mis propias cavilaciones? ¿O, más bien, era él quien había elucubrado? ¿Acaso había sido él, y no yo, el que había maquinado? ¿Había sido un acto de inconciencia, anotar allí su nombre? Desde que presenté en sociedad el nombre de Brendam Melkiam, la gente me preguntó sucesivas veces quién demonios era, a lo cual yo respondía que era mi seudónimo. Al ver su nombre en el margen de la hoja, comencé a dudar. ¿Era sólo mi seudónimo, o acaso él, que yo pensaba que aún no tenía vida propia, en realidad sí la tenía? ¿Acaso no sólo la tenía, sino que estaba incidiendo en la mía? Este ser, que yo creía sin existencia, ¿de repente sí la tenía? ¿Fue él quien pensó todo aquello vertido en el papel?. ¿Fue él o fui yo, y el maldito me había hurtado? Ya no sólo tiene nombre, ya no sólo es una entidad individual, ¿sino que actúa sobre mi? ¿Se había independizado ya él de mi, y yo desconocía ese asunto? ¿Acaso soy yo el que está invadiendo su existencia? ¿Acaso soy yo el seudónimo? ¿Acaso yo lo creé, y ahora él me está robando el protagonismo? ¿O soy yo el que quiere robar el suyo? ¿Acaso es él quien me ha creado a mi y ahora intenta desembarazarse de mi? ¿Quién está tratando de destruir a quién?

Hablé con un íntimo amigo mío sobre lo que había escrito ese día a la mañana y éste me dijo que había leído cosas parecidas, o hasta iguales, en algunos escritores. También hablé con mi madre sobre esto y ella también mencionó que otro autor había tenido este problema, y el mismo no había terminado nada bien. ¿Qué es lo que sucede con los seudónimos? ¿Nosotros los creamos y ellos se convierten en un ente con ser propio? ¿Estos seres son vástagos de nuestro pensamiento, o nosotros lo somos del suyo? ¿Acaso nosotros los ideamos y luego no podemos soportar compartir nuestro lugar con ellos? ¿O es que nosotros los diseñamos y luego ellos no pueden soportar compartir con nosotros? ¿Acaso les otorgamos vida y luego no pueden soportar ser parte de nosotros? ¿Olvidan ellos que son, efectivamente, retoños de nuestra mente? ¿O será que olvidamos nosotros que somos sus vástagos, y no ellos los nuestros?
Tanto mi amigo como mi madre me hicieron reflexionar sobre un punto, que yo me dedicaba a negar. Yo decía que primero le daba un nombre y que luego debía darle un ser. Primero les daba forma, pero no contenido. Lo que me hicieron ver ambos, tanto mi madre como mi amigo, es que el nombre mismo ya está dando una existencia. Ese nombre que yo inventé, que yo ideé, está marcando ciertas pautas sobre el ser de mi seudónimo. Las mismas palabras que conforman su nombre lo están formando. El mero sonido de su denominación le está dando vida. Y yo eso no lo veía. Todo este tiempo estuvo allí. Era. Todo este tiempo estuvo odiándome por estar en segundo plano. Pero ya no lo soportará más. ¿Se trata, acaso, de mi alter ego? ¿Se trata tal vez de un yo ajeno a mi, y que en algún punto me está negando? ¿Es posible que esté celoso de él? ¿Por qué habría de estarlo, si debería ser inofensivo para mi, pues él es yo, y yo soy él? ¿Pero, acaso yo soy él, y él es yo? Yo fui quien decidió crear su nombre y darle un ser. ¿Yo fui quien decidió darle un nombre y crear su ser? ¿O Acaso se formó él a si mismo? ¿No habrá actuado él sobre mi y ahora trata de destruirme?

Una cosa que mi amigo me comentó me sorprendió y heló mi sangre. Me dijo que de él, de Brendam Melkiam, tenía una imagen. Lo imaginaba vestido con un sobretodo negro hasta los pies, con un sombrero del mismo oscuro color, haciendo contraste con su cabellera blanca como la nieve, ajada por los años, seca, frágil. Lo imaginaba andando en una bicicleta vieja y vagando, deambulando, a la deriva. Yo, aterrado, le dije que esa imagen era la que yo me hacía de mi mismo para un futuro lejano, lejano y nefasto, solitario, melancólico. Éste me discutió al respecto y alegaba que yo le había dicho que así sería él, Brendam Melkiam, mi seudónimo. Yo, espantado, rebatí que esa era la imagen que de mi había hecho de adolescente, y comencé a pensar que no sólo él tenía vida propia, sino que ahora tenía una imagen. Que no sólo tenía una imagen, sino que se había apoderado de la mía. Había hurtado mi imaginación. Y no sólo se había apropiado de esa imagen, que era la mía, sino que había convencido a mi amigo de que esa era su imagen y no la mía. ¿Cómo demonios había logrado él tal cosa? ¿Era mi imagen o la suya? ¿Acaso era yo el que ansiaba hurtar su imagen, y no él la mía?

Junio de 2005.

Residuos de Abel

por Iacobus Tarqui el 12 de Junio de 2009

Claro, se huele la náusea post-Deus-mortem. Es eso, huele. Así, inficionados, los veloces, esos que se animan a reconstruir la latencia, asesinan a los pírricos diseñadores de Cronos, que sigue comiéndose a sus criaturas, a sus destinos. Qué suerte, algunos nacen muertos. Por culpa de H.

Uno se acostaba, quería acostarse. Otro reconocía estrategias imponderables, denunciaba la artificialidad de las pulsiones. Uno recordaba. Otro resumía la historia en una perfecta combinación de fuegos congelados. La seguridad de las percepciones los comunicaba y se desentendían con ferocidad. La patológica sobriedad del descanso, la ansiosa frialdad de las conquistas. Para Uno, la omnipresencia de las humillaciones; para Otro, la irresistible desviación del ensueño. Un lecho saturado de deseos, Otro asqueado de apariciones.
Nacieron del mismo vientre, de la misma expectativa. Como cenizas de dos ocasionales y discretas huidas seminales, se vieron envueltos en una fábula industrial, que los obligó a reconocerse tarde, o demasiado a tiempo. Cuando estuvieron cara a cara ya se sabían triturados, imposibles. Unas palabras parecieron comunicarlos, hasta sonrieron sospechándose sinceros. Ensayaron alejarse con premeditadas vacilaciones de los cadalsos retrospectivos. Por un momento se creyeron juntos, hermanos. Uno pensó en la solidaridad, Otro en la complicidad. (Eran jóvenes, todavía podían). El espejismo terminó pronto, estalló y los laceró con tanta inocencia que el desenlace desnudó un conato de heroísmo.

Nunca más volvieron a creerse comunicados. Intercambiaron palabras, gestos, y uno (Uno) simuló sonreír, como homenaje, o tal vez como parodia, de aquel encuentro traumático, inmemorial. La sonrisa era la señal de despegue, el signo de la tensión, también del engaño. Por eso, precisamente por eso, decidían volver a verse; se seguirían mintiendo con cruel obstinación. La insistencia parecía un cálculo alegórico: Uno sabía que en el fondo era humano, Otro lamentaba la misma fatalidad, ejercitando el orgulloso arte de la excepción. Cada abrazo, cada intercambio circunstancial, los volvía eso, humanos, insoportables.

Así celebraron el mundo. Presas de vicisitudes y despojos, se entregaron a los rastros de sus posibilidades. Uno eligió las letras y las tetas para seguir sonriendo, para seguir; Otro persiguió el origen de las calamidades, las firmes pistas del desconcierto. Uno deseaba: cazaba felaciones oportunas y raptos eróticos, genitales. Otro nunca deseó, su misión era una ruptura definitiva.

Las formas no eran menos interesantes que las sustancias. Uno se regalaba descargas entre las sábanas, encantadoras tangentes de lo genuino. Para Otro era tarde, reconocía la inaccesibilidad del goce: eligió ser sincero, brutal, antihumano. Uno “interactuaba”, penetraba sus ordinarias aspiraciones. Otro no, la renuncia era demasiado infinita como para reconsiderarla.

Creaciones Coletivas en Conexión en vivo y en directo con Ombligo de Clorofila

por Jonás, el Bombero Incendiario el 1 de Junio de 2009

http://ombligodeclorofila.blogspot.com/2009/06/uno-para-todos-y-todos-para-mi.html

A continuación…
Es colectiva
la creación,
que estriba
en una idea.
Usted vea:

Cinco gentes toman mate menos una. Dos toman té. Hay un solo saquito en la mesa. Dos dicen gracias, dos siguen tomando. Hay una rama arriba de la mesa pero no es árbol, hay ingredientes para brownies pero hay tres fiacas y dos gripes. Oink. Deciden las gentes jugar un juego de escritura colectiva. Presupongo preservación de las especies y las identidades. Prefiero presuponer mal, que amanecer con San Pedro. De domingo salió más o menos esto, con más colores y menos solemnidad en el trazo…

I.

Cae siempre en el piso cuando vuela ese coso violeta sobre la pileta profunda que yo cavé.
Muertos pájaros había hundidos. Voló hacia donde estábamos y nos pegó como si fuera un boomerang violeta, y entendimos que no había que retroceder sino decidirnos a pegar hacia delante. Plus Ultra. Pegar faso. Clavarnos un churro, quemar ¿qué? Sino, las naves. No hay plata. Las llantas, las zapatillas, polvitos mágicos. Reparemos. Salgamos a la calle, a buscar a Paquito, el hijo bobo de la pasta, y si no lo encontramos pataliemos. Un jalonazo, uno solo. O quizás muchos más jalonazos. Pero salgamos a comprar, así, salir, re locos, y ver volar cosas violetas, cayendo.

II.

Sol anaranjado que brilla mucho en ese lienzo. Pero ayer no salió tan anaranjado como solía. En vez de salir hacia el poniente descansando, decidió mirar hacia atrás. Pintar. Se obligaba. Ayer nomás, encontró una luna en el anular. Un anillo, dos aretes, tus aretes, y un. Un cuadro con formas chotas. Pero tenía que pintar. Su obsesión con la pintura era obesa, obsesa, él era un cabeza. Su frente, enorme, sólo pensaba en caliente, en bombos y matracas y pomos amarillos, brillantes soles peronistas al óleo. Con toques de Evita y manotazos del General, viendo al sol anaranjado brillar en el lienzo.

III.

Una mañana fue el ritual. Nos fuimos a Tigre con las chichas, que tomaban gusanos tequilos. Limón parecía el centro y, y, ¡uh! Cayó desde el otro lado.
Nos expectoramos fuerte, arrinconados donde estábamos ¡boom! Las chicas nos asustamos como changos. Chanchos. Chotas. Pitos voladores casi encima nuestro. Vuestro padre que estás en los cielos: en las nubes color rosa como un chancho volador. Chango, dámelo ya, padre. Por los pibes, copáte, y dámelo. Lo gauchita que soy no es gratis. No acepto tantas excusas, tampoco gusanitos tequilos, no más, ahora preferiría bichos de arroz. Para el ritual iniciático en el Tigre, no estuvo nada mal.

IV.

Cajeta con concha dije. Y me puse colorada, porque nunca había hecho una -¡Hey!- ¿Cuál es él ? El judío, el circuncidado, tenía la cuestión escondida. Podría mirar para ver si descubría cómo los otros eran. Ellos. Los judíos, los marranos, siempre tienen ¿o no tienen? Pijas, digámoslo ya. Pijas que parecen -no sé- impares, zoomorfas, soldaditos mutilados. Pero igual son mías, las judías. Pero… esa mirada sorprendida por ver las evidencias de un error inesperado. Error de otros zoomorfos que ahora se perdían como imbéciles. Ya nunca sabré, lo circuncidado que podía llegar a ser.

V.

Libro antiguo que una niña vio en cuatro patas. No, en cinco. Sí, travesti. Braguetas buscaba en seguida, y sacudía con furia. Furibundo, libro con ganas de abrirse, dilatarse. Ella seguía leyendo pero mientras tanto se estimulaba. Espiando a Juan por la rendija se dio cuenta, se avivó de su excitación. Exit. Se fue a la ducha, seco y exótico era lo que había visto. Seco y con pelusas pudorosas en el ombligo. Profundidades de pudor que abrazaban, completas, sus ganas. Era humana, en una fantasía insoportable. Solo pensaba en cuanto le gustaba la furia travesti de Juan. Sólo unas páginas.

(Si algun autor muerto quiere firmar, nada más decídmelo).

Qué grande sos!

por Jonás, el Bombero Incendiario el 1 de Junio de 2009

Por qué!? ¡Perón en Plaza Francia otra vez no!
Empapado de transpiración. Estaba agitado, temblando.
Sin entender de qué se trataba.
Anclado, atormentado, paralizado, sólo.
Desorientado, en esa realidad desfigurada. Ahora, la ceguera cedía.
Ilustráronse de a poco las formas.
Logró comprender en donde se encontraba. Una sonrisa se perfiló sobre su rostro.
Logró distinguir las breves existencias que lo rodeaban.
A veces ocurre. Se volvió a dormir.