Parte 3: El Perito
Escrito por Mr. Meiro Lopez el 2 de Julio de 2009 y categorizado como Gente Seria.
Pasando por sobre la mágica ciudad de Caranavi, a un día de ver los barriales del pantano embrujado de San Borja, tras 4 días ininterrumpidos de vuelo arribó a Rurrenabaque. Tardó más de lo previsto porque, considerando alquilar una alfombra mágica para una sola persona como un desperdicio de los recursos de la Compañía, decidió, en su lugar, alquilar un tapiz mágico, los cuales son considerablemente más lentos que las alfombras. Pudo ver lo grave de su error al encontrarse con que a lo largo de su último día de viaje no había parado de llover. Aun así, para su sorpresa, el cielo se aclaró por completo la mañana en que aterrizó en Rurrenabaque.
Rurrenabaque es un oasis de cotidianidad en una tierra de extravagancias. Queda a orillas del Beni, río infestado de todo tipo de terribles criaturas, entre ellas las ‘anguilas eléctricas’, los voracísimos ‘caimanes de malaquita’ y, las peores de ellas, los ‘delfines rosados’. En su otro flanco se encuentra el misterioso bosque del Madidi, donde ninguna expedición explorativa ha superado la primer noche en su interior. Lo único que se sabe del bosque es que es el hogar de las insaciables ‘hormigas vegetarianas’, seres capaces de devorar cualquier cosa menos carne; campamentos enteros desaparecieron a su paso, quedando de ellos solo legiones de hombres desnudos, absolutamente des-cabellados, des-dentados, sin uñas (o des-uñados) y sumamente desconcertados. Y por el lado restante, lomas y lomas plagadas de ‘cebúes’. Qué bicho raro el cebú; es como cruzarse con un jorobado albino, pero en vaca. En medio de todo eso, Rurrenabaque. Lleno de gente que sabe que, en la medida que no atraviesen los limites que la naturaleza ha deparado para su pueblo, nada malo les sucedería. A semejante lugar había llegado el Detective Salomón.
Recorriendo la plaza central encontró un anciano sentado en un banco bebiendo ‘tereré’. Acercósele para pedirle indicaciones pero el anciano lo sorprendió iniciando el diálogo.
-Mira, que hermosa mañana. La naturaleza me ha sacado de la cama.
-Sí, la verdad que sí- respondió secamente el detective, poco le importaba lo que un viejo campesino tuviera para decir a cerca del clima-¿Sabe usted dónde podría encontrar yo al… ¿Cucu? ?- preguntó al anciano dejando de lado toda muestra de innecesaria cordialidad.
-“Cucu”, “Cucu”… ahhh, te debes referir al señor Melo. Se llama Alfredo, creo que la mujer le dice ‘Cucu’ no más. Sí, es el dueño de la fábrica de rejos cucú.
-De ser la misma persona de la que estoy preguntándole, ¿sabe dónde podría encontrarlo hoy?
-Y… en mañanas como la de hoy, suele salir a caminar por las lomas de los cebúes para admirar el arco-iris. Si todo está en orden, lo podrás encontrar entre la 2° y la 3° loma.
-Muchas gracias, Don. Disfrute su mañana.
-No hay de qué. Disfruta la tuya.
Encontró un enorme hombre sentado en una reposera, fumando de su pipa, justo donde el anciano le había dicho de ir. Estaba sentado de cara al arco-iris, leyendo un libro, muy concentrado, casi hipnotizado.
-Disculpe, señor- lo rescató bruscamente de su trance-.
-Uy, chabón, que ‘corta mambos’.
-Peor, soy ‘Rati’.
El reposante no pudo ocultar su desagrado.
Tras un poco-necesario preludio en que el Cuco fue ‘desenmascarado’, se dio una incomodísima conversación en la que el Cuco trató de librarse cordialmente del detective, el cual contestó con una muy sutil cuasi-extorsión que podría resumirse a modo de “o me ayudás o te ‘botoneo’” (re-rati era el pibe). Ante semejante ‘oferta’ el Cuco no pudo más que aceptar.
Plegó la reposera y des-plegó una manta, que estaba usando para cubrir sus piernas, sobre el piso y, tras tomar asiento, invitó al detective a hacer lo mismo a su lado. Pidió la información del caso y fue puesta en su totalidad a su disposición. La inspeccionó y se tomó un momento para ‘digerirla’. Cargó su pipa y se echó sobre su espalda a jugar haciendo aros de humo y ver las nubes surcar el cielo.
-¿Y?-preguntó un tanto impaciente el investigador-¿Tenés algo que me pueda servir o me hice todo este viaje al pedo?
-Mira, ‘hermano’- le respondió el perito ocasional en un tono no tan fraternal-, vos viniste a mí en busca de ayuda, no al revés; así que lo menos que podés hacer es seguirme el juego y bancarte mis tiempos.
Compungido, le dio la razón y disculpose por su ansiedad. Sobre-satisfecho de haber mandoneado al ‘Rati’, se irguió y aclaró su garganta anunciándole que se avecinaba un largo monólogo. Entre las masas de humo que manaban de sus fosas y boca, comenzó su oratoria.
-Voy a tener que darte una pequeña clase de cosmología, creo que es la forma más simple que tengo para explicarte. Para entender un mambo, primero tenés que entender cómo se crea un mambo, para entender cualquier creación, tenés que entender un poco del universo antes.
El universo: es un cosmos (orden) de caos (des-orden); más simple, un quilombo ordenado. Como la habitación de un adolescente rebelde, sólo el que sepa observar podrá entender su orden. Imaginate un gran Cosmos dividido en pequeños quilombitos, muy distintos entre sí, que a su vez están constituidos por pequeñas secciones de orden. De más está decir que estos pequeños ‘mundos’ de orden están a su vez constituidos por pequeñísimos quilombos; y así y así. Así es que en las regiones caóticas del universo hay seres que responden y representan este mismo principio universal; seres que funcionan a base de energía caótica. Desde ya tienen su contraparte de seres que funcionan a base de energía cósmica que habitan en las regiones ordenadas del universo.
-Pero, ¿por qué decís que todo constituye un gran Cosmos? ¿No podría ser todo un gran Caos? ¿O es una de esas ‘cuestiones de fe’? – preguntole despectivamente.
-Primero que nada, no interrumpas. Segundo que nada –continuó, con un error forzado-, no te la des de ‘abogado del diablo’, pibe, que te falta mucha calle.
El orden último se comprende al saber que hay leyes que cortan transversalmente el universo, tanto en sus ámbitos caóticos como en los cósmicos. La ley que nos interesa nos lleva al aspecto ‘cosmogónico’ de la lección. De la misma manera que encontramos una suerte de sub-ordinación de ‘cosmos-caos, cosmos-caos…’ en las regiones, o mundos, del universo, algo similar sucede con sus seres. Los seres de Caos crean los seres de Cosmos, los que a su vez crean a otros seres de Caos, y así y así. Con la consecuente sub-ordinación ‘creador-creado’. A saber, “dos puntos”: Los Dioses, seres caóticos e incomprensibles si los hay, funcionan a base de ‘éter’, energía caótica que, para que te des una idea, es la misma energía que hace funcionar al sol. Como acto secundario e involuntario, éstos crean seres que funcionan a base de vida, una energía cósmica. Los seres humanos, como ya has de saber, son unos de tantos de estos seres. De la misma manera con que los Dioses los crearon, ustedes crearon seres que funcionan a ‘magia’, seres caóticos. El tema es que los hombres aspiraron a un orden mayor al que les correspondía y los seres mágicos sufrieron el destierro de su mundo, el mundo de los sueños, a éste.
-Eso sí lo sé, me lo explicaron en el 1° año de entrenamiento de la Cía.. Lo que no me estás diciendo es cómo nacen los Mambos.
-Paciencia, pequeño ‘Pepe Grillo’, a eso voy. La magia en sí no es creada por los hombres, es creada como consecuencia de lo que los hombres hacen o, mejor dicho, lo que los hombres sienten. Parecido a cómo el agua condensa en nubes, los sentimientos humanos ‘condensan’ en magia. Es por eso que la magia puede ser tan variada como lo son los sentimientos. Dependiendo del tipo de sentimiento que genere la magia, será el tipo de magia que se obtenga. Pero al igual que un sentimiento es ambivalente también lo puede ser un ser mágico (no solo hay mambos claros y mambos oscuros, hay una gran gama de sombreados de por medio). Por ejemplo una alegría exacerbada puede nublar el juicio de un hombre resultando para éste en una catástrofe o sino la anti-patía puede ser lo que salve a alguien de relacionarse con gente que le puede resultar nociva; así, son los cantos de las Sirenas, seres hermosos y luminosos, los que hacen que los barcos se estrellen contra los arrecifes o las Gárgolas, seres terribles y oscuros, los que evitan que los Demonios, seres peores aun, entren en iglesias, templos y demases lugares sacros.
Pero, perdón, me salteé un paso. Tenemos la ‘nube’ de magia ¿Qué viene ahora? La “pre-ci-pi-ta-ción”- dijo con tono de ‘maestro ciruela’, para frustración de un ‘Rati’ cada vez más impaciente-. Ésta puede venir en forma de ‘suceso’(por ejemplo, la magia proveniente del sentimiento ‘Fe’ precipita en forma de ‘Milagros’) o en forma de ‘ser mágico’, también conocidos como ‘Mambos’.
Ahora, tomemos un Mambo ‘X’: yo. Yo soy producto de su vergüenza. Desde que Pandora, esa prostituta griega, guardara su lista de clientes en una caja debajo de su cama(no te das una idea del quilombo que se armó cuando abrieron esa caja, una comunidad entera se vino abajo tras que las mujeres expulsaran a los maridos de sus casas), los hombres han guardado, ya sea bajo la cama, en el placard o en el ático, cosas que los avergüenzan. Lenta pero progresivamente la vergüenza se va condensando. Algo va tomando forma, una en-un-principio-leve, sutil, presencia que desde ese oscuro lugar (bajo la cama, etc, etc) los empieza a incomodar; los asecha todo el tiempo. Es el temor a que alguien eche un ojo donde no debe, es el miedo a que en cualquier momento uno puede quedar desnudo ante todo el mundo: soy yo, El Cuco. Y cuando sus mentes están mas permeables, sumergidas en un profundo sopor, salgo de mi escondite y susurro a sus oídos sus secretos más oscuros y dejo que el miedo a que la persona durmiendo a su lado escuche mis palabras los corroa por dentro; o sino, me acerco a la ventana para estas mismas cosas gritarlas a pulmón pelado lo que los deja temerosos del mundo exterior. Esa vergüenza, ese ocultar su oscuridad es lo que me da el ser. Ah, pará, vale agregar que ya no hago esas cosas, ya me retiré. Por las dudas lo digo; me olvido que estoy hablando con un oficial de la ley.
-Sí, sí, todo muy bonito, pero, ¿y ‘el hombre de la bolsa’?
-Uh, chabón, ya va. Tendrías que comprarte una pelotita de goma-espuma para apretar, un cubo ‘Rubik’ o algo; sos muy ansioso.
A ver, ¿en qué estaba? Ah, sí, soy su vergüenza. Pero… eso, una vez ‘condensado’ ya soy. No necesito que un adolescente guarde un piloncito de revistas ‘xxx’ bajo la cama para poder atemorizarlo, lo único que necesito es que sea falso. Y te digo, hay mas gente ‘falsa’ que ‘original’ dando vueltas, nunca me fue difícil encontrar a quien romperle las bolas. La cuestión, yo re-presento todo lo que un hombre quiere no-ser y sabe que es; ese ‘saber’ lo acompaña todo el tiempo. Por decirlo de alguna manera, yo solo la enfatizo, pero la vergüenza está siempre presente.
Ahora, tu ‘hombre de la bolsa’ mata con un súbito golpe de ‘decepción’. La decepción es repentina, es fulminante. Al parecer, este Mambo es un artista del terror, es un ‘terror-ista’. Cada ‘miedo’ que saca de su bolsa pareciera ser meticulosamente elegido para cada víctima en particular, de ahí que sean mortales. Si estoy en lo correcto, en la bolsa lleva lo que los hombres niegan de sí. Ver lo que ocultas de tu persona, te debilita; ver aquello de ti que niegas, te destruye. Lo que uno niega, los desecha; lo aleja lo más posible de sí y lo olvida. De alguna forma, este Mambo llega a estos ‘desechos’ y los carga en su bolsa. Lo que yo haría es buscar en las cercanías del Basurero de la Ciudad o en la empresa de recolectores de basura.
-¿No era más fácil arrancar por ahí en lugar de tenerme escuchando tus teorías de flujos de energías y no sé qué más?
-Ah, no te la puedo creer ¡Margaritas a los chanchos!
“¡Cuucu! Ya está la comida” se oyó a la lejanía.
-Ya voy, mi amor- respondió al llamado y volteó nuevamente a su entrevistador-. Hay muchas cosas que se pueden decir del Cuco, que es un mal anfitrión no es una de ellas. Asumo que te quedás a comer, ¿no? No sabés lo que cocina mi mujer… para chuparse los dedos.
-Y… la verdad es que tendría que ir partiendo. Pero, si me lo decís así, no te voy a decir que no.
-Me parece perfecto.- Levantaron campamento y se fueron a lavar las manos.
