Post invernada
Escrito por Optimatus Prime el 24 de Julio de 2009 y categorizado como Gente Seria.
Estimada invernada iniciática,
Escribo casi de forma obsesiva. Los puntos no los respeto y las comas me tienen sin cuidado. Cuando el secreto a ser revelado es tan grande los tiempos apuran. Lo horrible e inenarrable puede causar un nauseabundo placer en un lector egoísta. La interminable concatenación de silabas crea belleza en el espanto. Espero vos puedas leer este sencillo apunte de un arbusto ya podrido en su corteza, con sus ramas licuándose en el pasado y sus hojas gordas por siempre. En realidad, solo espero que vos me leas. Aún sabiendo que mi objetivo es irrealizable, mi obstinación ilusa e infantil conmueve dos yemas de mis dedos.
Palabras como vomito, mierda, meo, pueden combinarse de muchas formas. Vos lo hiciste poéticamente, por momentos creía leer una fantasía, por otros veía una realidad. Le diste magia y color a un infierno dantesco y me llevaste, como un burdo Virgilio, a recorrer un museo del horror, una y otra vez; otra y otra vez; y una nueva y nueva vez; siempre diferente, sin poder nunca encontrar el círculo atinado. Quise quedarme en la gula pero mis deseos no eran sinceros. La palabra quería transformarse en acto cuando tu acto ya se había hecho palabra. Por las noches suplicaba un lugar, por más repugnante y sanguinolento que fuese. Pero tu accionar me condenaba a la pureza. Pureza que no me sirve, pureza que quiero acuchillar, mancillar, pero poco puedo mover. Solo necesito un sublime acto para encontrarte. Descender y subir, tantas veces como sea necesario. Que se habrá el telón y las piezas puedan moverse! Que el caballo viole a la reina! Que las ventanas se cierren y deje de entrar aire!
Cada letra me produce una pequeña gota de sangre que se escurre por mis dos dedos. El dolor se vuelve insoportable, insaciable. Pero para vos, lector, puede ser hermosamente bello, como para vos, ejecutor. La comedia apasiona a los bufones, la tragedia entristece a los melancólicos, todo debería estar en su lugar. Pero tu sadismo reclama otros colores. Se me acaban los reglones y sinceramente las ganas de escribir. Me gustaría verte, ir a tomar un café con vos, seguro no me reconocerías, crecí bastante, adelgacé mucho, me estiré un poco, me encojí un tanto, busqué demasiado.
Ahora, acá, en esta habitación desolada, en esta cama incómoda que se mueve cuando un caprichoso botón quiere, paso noches sin días. Escasa luz se filtra por la cerradura de una puerta que se empecina en permanecer cerrada. Mi carne casi no siente y mis dos dedos no paran de sangrar cuando este bendito lápiz los exige. Las paredes húmedas están cubiertas por fotocopias de una misma hoja que también recubre el piso siendo el todo. Es la fotocopia de un escrito que llegó a mis ojos por casualidad una helada tarde invernal. Invernada. Desde ese día recuerdo otra jornada similar, aún más dolorosa, hace años perdidos. Extrañamente nevaba en la ciudad y ya se habían cumplido los 6 meses cuando me desataste y susurraste: “Hoy es tu día de suerte, a vos no”.

augustine dice:
¿sadismo como parte de la condición humana? ya federico dijo —en tiempos donde los inviernos eran reales y no la cosa blanda de 16ºC actual— que los dioses aparecieron para contemplar la fiesta de los espectáculos crueles. por eso es lindo leer que te vas desangrando mientras la imagen mental creada por tus palabras sin tilde se parece a un manchón de tinta roja, justo ahora que ya nadie usa papel secante. el liquid paper, sí, pero sólo ayudaría para hacer de todo un enchastre aún mayor.
acompaño el desconcierto obligándome a no usar mayúsculas, como un guiño o una moneda que cae en la lata de un ciego sin hacer nada, nada de ruido.
à bientôt.
6 de Agosto de 2009 a las 18:38