Seguimos al que pague

relve

Escrito por Brendam Melkiam el 7 de Agosto de 2009 y categorizado como Gente Seria.

Sorteando peligros te acercas a mi, tomando nota de mis movimientos, evitando tropezar con los obstáculos. Zigzagueando caminos avanzas. Nada puede detener tu andar, eres como una inmensa ola de mar, irrefrebable en su paso. Inevitable llegada la de tu sombra, impenetrable negrura que todo lo invade. Consumes los corazones, puros e inocentes. ¿Quién pudiera contemplar tu aterradora imagen? ¿Quién pudiera soportar el peso de tus ojos, refulgentes al rojo? Ruges en tu inmensidad, empequeñeciéndolo todo. Tu aliento destila maldad, de un halo de odio de pura congoja. Angustia hay en tu rostro, ajado por los años, derruído por el tiempo. Temor infundes en las almas todas. Mas no en la mía. Yo te comprendo. Tu profunda aberración por lo ajeno no es más que el asco por ti mismo. Yo lo sé, pues he contemplado el fulgor de tus rabiosos ojos y he hallado tu penar. Conozco tu sufrimiento, pues es el mío. Somos similares. Sólo que el tiempo ha sido cruel contigo. Es eso lo que te hace feroz ante los demás. Construíste un muro de infinito concreto para no ser penetrado en tu abismal desnudez. Detrás de ese exterior temerario se esconde un interior temeroso, incapaz de hallar esperanzas en un mundo que te ha dado la espalda. Difícil es relacionarte con tal desconfianza en tu ser. Tu falta de amor por ti mismo es tal que al momento en que logras dejar ver un soslayo de lo que eres en tu vasta profundidad, huyes, te alejas como pólen al viento. ¿Qué es lo que escondes? ¿Es tan terrible acaso? Sé que haces el esfuerzo, sé que dejas ver al menos una pizca de tu frondoso ser esperando que alguien te comtemple y te abrace. Pero eso nunca sucede… ¿No sucede porque nadie se interesa? ¿O es porque tú mismo no lo deseas? Temes dejarte amar, lo sé. Siempre el mismo temor, el miedo al rechazo, que es el terror al fracaso. Al no hallarte tu mismo digno de amor, se hace difícil que alguien lo logre, ¿verdad? Temes quedar expuesto y salir lastimado luego, sabiendo que alguien en el mundo supo de ti, te conoció en profundidad, no supo valorarte, comprenderte, amarte en definitiva, y te dejó solo, nuevamente contigo mismo, aborreciendo tu persona más que nunca.
Es por esa razón que tu exterior se hace tan duro, tan impenetrable.
Impides…

Febrero 2005

Puede dejar un comentario, o un trackback de su propio sitio. RSS 2.0

Deje un comentario